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Xerojardineria

La palabreja “xerojardineria” define un tipo de diseño de jardín pensado para que consuma poca agua, aunque además, habitualmente estos jardines exigen poco mantenimiento, y tienen bajas necesidades de fertilizantes e insecticidas.

El xerojardín es un jardín sostenible que necesita pocos cuidados. Y esto se consigue sólo si ha habido un diseño inteligente, que tenga en cuenta el microclima y las condiciones de orientación, topografía, vegetación existente y vientos dominantes del espacio a tratar. El diseño adecuado permitirá reducir los trabajos de siega, podas y tratamientos fitosanitarios en más del 80%, de los que se necesitaría en un jardín convencional.
Para tener éxito en la implantación de un xerojardín, hay que conocer a fondo el clima y el suelo donde se instalará, hacer una selección muy cuidada de las plantas, planificar un sistema eficiente de riego, aplicar de coberturas de suelo muy estudiadas, y proceder a un adecuado manejo.
La xerojardinería es una técnica que se inició en zonas secas de América del Norte, donde en principio se utilizaron a menudo cactus, o plantas crasas para substituir arbustos de climas más húmedos, y piedras y gravilla en substitución del césped. En el clima de Barcelona, la pluviometría permite una amplia variedad de plantas con necesidades hídricas relativamente modestas, desde la higuera hasta el granado, que pueden crecer solo con el agua de lluvia. Un xerojardín en el Vallés o el Maresme puede ser muy verde y frondoso, como lo son los bosques espontáneos de estas comarcas.
Pero el xerojardín también tendrá que armonizar, en lo posible, los condicionantes de la sostenibilidad con los deseos del propietario. Hay que seleccionar plantas adaptadas a las condiciones ambientales, pero también estéticamente satisfactorias. Un jardín sostenible, en nuestro clima mediterráneo, no puede cubrirse de césped, aunque admite otras plantas tapizantes, menos exigentes en agua y siegas, con un aspecto verde muy reconfortante.
Según las necesidades de la familia, y los deseos de los propietarios, la superficie a ajardinar se zonificará. En las zonas de paso común, más pisoteadas, los xerojardines utilizan coberturas inertes, como gravilla de colores, piedras o losas, y la vegetación se reserva para los espacios no transitables. Esta distribución ya aparece en antiguos jardines mediterráneos, y es la que encontramos en las casas romanas o en los jardines de la Alhambra.
Las superficies de césped exigen grandes cantidades de agua para su mantenimiento, y en nuestro clima, con la sequedad ambiental del verano, el césped sufre por la compactación del terreno. Por su parte, las cubiertas de gravilla o losas no transpiran, y mantienen la tierra que cubren con un nivel adecuado de humedad y aireación, muy conveniente para el crecimiento de las raíces de las plantas situadas cerca.
Evoquemos la imagen de un patio andaluz, fresco y lleno de plantas, pero con suelo enlosado. Las plantas se mantienen junto a las paredes, y en los ángulos, siempre a la sombra. También en el xerojardín las plantas han de situarse de preferencia en la sombra, porque así sus necesidades de agua disminuyen respecto a otras localizaciones. En pleno sol situaremos plantas crasas, o bien aromáticas de secano como el tomillo o el espliego, que apenas transpiran agua y soportan bien el terreno seco.
Y a olvidarse de segar la hierba, de regar cada tarde, de abonos y plagas. Basta con una cuidada poda invernal, algún riego ocasional y la renovación periódica de las plantas anuales.
Bienvenidos a la xerojardineria.