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Un huerto en mi jardín

Si tienes la suerte de disponer de un trocito de tierra para cultivar, y te hace ilusión poder consumir alimentos de producción propia, podrías convertir una parte de tu jardín en un próspero huerto.

No hace falta mucha superficie, porque el factor limitante es el tiempo de que dispongas para cuidarlo. De hecho, un huerto de 40 m2 da ocupación plena para todos los fines de semana del verano. Si dispones de más tiempo, puedes llegar a controlar 200 m2, con dedicación de jornada completa, y requerirá ayuda en momentos intensos de cosecha. Para empezar, te sugiero un espacio de unos 20 m2 máximo.

Para el huerto debes escoger la mejor tierra y el mejor emplazamiento del jardín. Ha de tener sol casi todo el día, y en invierno ha de estar libre de la sombra de los árboles, aunque puede admitir en verano la sombra parcial de árboles caducifolios. Los arbustos más cercanos han de quedar al menos a 2 metros, para los árboles hay que calcular el doble de distancia.

En las regiones donde soplan vientos fuertes y fríos, conviene que el huerto quede protegido de ellos por una pared o cerca espesa. Para proteger las plantas de las heladas evitaremos la orientación este, y para evitar la calicha en verano buscaremos un lugar dulcemente ventilado. Es recomendable situar el huerto en terreno llano, los huertos escalonados son muy fatigantes, debido al trasiego constante de utensilios y frutos, que resulta mucho más cómodo en carretillas con ruedas.

El huerto ha de situarse cerca de un punto de agua, o proveerlo de este suministro con un sistema de riego. También es conveniente que esté cerca de la cocina, por proximidad de transporte, y para que nos inspire platos suculentos cuando lo observamos.

Si tienes un espacio así, y quieres instalar en él tu huerto, octubre es el mes apropiado para actuar. Lo primero, selecciona el sitio con los criterios que he explicado, después marca los límites con cordel o yeso, elimina la vegetación existente, cava unos centímetros la superficie y siembra habas.

¿Por qué tengo que sembrar habas, si no me gustan? Porque las habas trabajarán para nosotros preparando el terreno, desde ahora mismo hasta la primavera, que será el momento adecuado para plantar tomates, berenjenas, pimientos, calabacines, cebollas, escarolas y otras verduras más de tu agrado:

  • La tierra del jardín ha recibido multitud de tratamientos fitosanitarios durante años, de estos tratamientos quedan residuos en la tierra que las habas ayudan a eliminar
  • El sistema radicular de las habas, fuerte y profundo, abre la tierra y la esponja dejándola en muy buenas condiciones para el futuro huerto
  • Las habas desarrollan una simbiosis con bacterias de la tierra, que mejoran la fertilidad del suelo
  • Las habas atraen todo tipo de insectos, en particular insectos beneficiosos como las mariquitas, que se alimentan de otros insectos. Las mariquitas y otros depredadores de seis patas, se establecerán en el terreno del futuro huerto, para quedarse allí hasta el verano, controlando las potenciales invasiones de insectos plaga

Aunque no te gusten las habas, deja que la naturaleza trabaje para ti. Las humildes plantas de haba son el mejor labriego, el mejor insecticida, y el mejor abono  para tu futuro huerto.

Por otra parte, ten en cuenta que la zona de tu jardín donde crezcan las habas, permanecerá verde todo el invierno, y se cubrirá de hermosas flores de color blanco y lila en primavera.

Aquellos que no se deleiten con las habas pueden regalar las tabellas a algún vecino, o sencillamente arrancar las plantas en flor, antes de que se formen los frutos. El terreno, esponjado, fertilizado y  poblado de insectos útiles, estará a punto para recibir el plantel que nos dará hortalizas de verano.