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Regar con aguas cloradas

Es común que en agosto las plantas de terrazas y jardines pierdan parte de su esplendor primaveral. Poco a poco vemos como se agostan literalmente, pierden hojas y flores, así como su turgencia y brillo.

En parte es un efecto del calor, pero si el riego es adecuado, no tendría porqué ocurrir. Las selvas tropicales conservan su tersura y frondosidad, aún con altas temperaturas, pero con una pluviometría suficiente.

Hay que tener en cuenta que, aunque nosotros reguemos abundantemente, casi todos los jardines, terrazas y huertos urbanos se riegan con agua de suministro de boca, que está clorada para su desinfección.

El cloro es tóxico para las plantas. Esta toxicidad se manifiesta en la necrosis (pardeamiento y sequedad) de los bordes de las hojas, que normalmente aparece primero en las hojas más viejas. La planta pierde brillo y textura para finalmente dejar caer progresivamente las hojas.

La lluvia ayuda, ya que lava el cloruro acumulado en la tierra. Pero después de un verano seco, y con un suministro de agua más clorado de lo habitual por cuestiones de potabilidad, es posible que veamos languidecer nuestro jardín.

Para asegurar la potabilidad del agua de boca clorada, el cloro ha de mantenerse a una concentración de entre 0,5 y 0,2 mg/l en el punto de consumo. Las concentraciones nocturnas suelen ser las más bajas, por lo que siempre que se pueda (con un programador de grifo por ejemplo), conviene regar por la noche o de madrugada.

Si regamos con regadera, podemos utilizar jarras con filtro, o hervir el agua durante dos minutos (y dejarla enfriar antes del uso). Algunas personas recogen agua de lluvia para regar sus macetas, aunque hay que advertir que tanto el agua de lluvia como el agua de pozo, en ambientes urbanos suele contener nitratos y nitritos, que también contaminan el agua de riego y que a ciertas concentraciones pueden resultar tóxicas.

Si tenemos un sistema de riego por goteo programado en nuestro jardín o terraza, podemos instalar un sistema de purificación en línea, como los que se instalan debajo de los fregaderos. Es conveniente que esta mejora se haga de tal forma que solo funcione cuando queramos nosotros, por ejemplo en agosto, para no gastar los filtros cuando llueve suficientemente y no resulta necesario depurar.

Los sistemas de purificación por ósmosis inversa pueden llegar a eliminar el 90% del cloro libre en el agua, así como los nitratos, carbonatos y bicarbonatos que también podrían afectar a nuestras plantas.