1027 Views |  1

Plantas y vida

En la sociedad moderna, las personas cada vez disponen de menos tiempo para disfrutar de un espacio verde próximo a la vivienda, y este hecho ha provocado  planteamientos arquitectónicos “duros”, con una considerable reducción  del elemento vegetal de los espacios abiertos.  Podemos constatar la disminución drástica de los espacios públicos cubiertos de vegetación,sobre todo en las de nueva construcción, decantándose en su  elección los arquitectos por espacios pavimentados, llamados plazas duras.

Esta moda también viene impulsada por la falta de “conocimiento”, que en general  tienen los arquitectos, sobre las técnicas de cultivo y las necesidades de las diferentes especies vegetales.  Pero el contacto con la naturaleza es una necesidad del ser humano. Un paseo por Central Park de Nueva York, las Boutes-Chaumont de Paris o la Ciudadela de  Barcelona, nos lo confirman. Miles de visitantes diarios, se concentran en estos viejos parques, en busca de los rincones vegetados de jardines del siglo XIX.

Y qué decir de los pequeños rincones vegetales que cada persona procura cultivar en su propio hogar. Sin conocimientos, sin orientación, solo guiados por el instinto, miles de ciudadanos adquieren o regalan plantas vivas por el placer de su contacto.

El ser humano necesita a diario estar cerca de elementos vegetales, para obtener de ellos equilibrio, salud, descanso y paz. Es tan necesario para la vida como respirar, como sentir el sol en la piel o lavarse con agua.

 

La moda de las plazas duras ha creado amplios espacios desérticos, con algunos transeúntes apresurados, vacíos de vida. Tremendamente calurosas en verano y insufriblemente frías en invierno, poco acogedoras e inertes, solo sirven para eventos y conciertos en ambiente nocturno, y en verano.

Pero volvamos al hogar. Los apartamentos con terraza tienen mejor venta que los apartamentos sin ella, por esta razón muchos pisos disponen de unos metros cuadrados exteriores, para un rincón verde hogareño. Y el sueño de los que viven en apartamentos es la casita adosada, con su espacio delantero y su pequeño jardín trasero, además de alguna terraza. El rincón verde es un elemento necesario para el hogar, para que la familia disfrute del contacto con las plantas, de su energía positiva, de su encanto.

Se gastan cantidades ingentes de dinero en “amueblar” estas terrazas y jardincitos, con tiestos y plantas adquiridos apresuradamente en un Garden cercano; y a menudo las plantas sobreviven pocos meses, para decepción de sus propietarios. Las plantas son seres vivos, pero no pueden moverse. Eso quiere decir que si el lugar donde las instalamos no resulta acorde a sus necesidades, no pueden trasladarse a otro sitio, como haría su gato, y en consecuencia enferman y mueren. Durante milenios una especie vegetal se ha ido adaptando a un hábitat determinado, de sol o de sombra, de calor o frío, de humedad o sequedad; y de golpe nosotros colocamos ese ejemplar en un ambiente que no se corresponde con sus necesidades.

Recuerdo que los arquitectos que diseñaron el viejo aeropuerto de El Prat, colocaron diversas palmeras en su interior. Naturalmente, la falta de luz solar directa, y la sequedad que generaba la calefacción del aeropuerto, las hizo enfermar y morir. Afortunadamente hace años que decidieron no replantar esas palmeras. He de confesar que yo sufría cada vez que entraba en el aeropuerto, y veía las palmeras enfermas. Era como si me gritaran sus padecimientos. Una planta no es un mueble, no puede ser tratada como un elemento arquitectónico más, como si fuera una columna o un banco de piedra.

Las plantas son seres vivos. Peter Tompkins y Christopher Bird publicaron en 1973 el libro “La vida secreta de las plantas” en el que se recopilan relaciones físicas, emocionales, entre las plantas y las personas. La tesis que los autores sostienen es que las plantas poseen capacidades sensitivas, que son hormonales, ya que las plantas no disponen de sistema nervioso, y que responden a los factores que influyen en la producción de las hormonas vegetales. Aunque algunos autores cuestionan la validez de dichos experimentos, mi experiencia de más de 35 años trabajando con vegetales, me confirma inicialmente las tesis de Tompkins y Bird.

Las plantas, como las mascotas animales, son capaces de notar el estado emocional de la persona que las cuida, y responden a él. Y también, si se desarrolla y educa la sensibilidad de la persona, ésta puede entender si la planta que observa está en buenas condiciones o no, si el ambiente la favorece o la daña, si necesita riego o si la tierra ya no la alimenta convenientemente. Desde la antigüedad se conocen las capacidades curativas de algunas plantas. Las substancias que esas plantas producen pueden afectar intensamente nuestro sistema hormonal, para bien o para mal. Hay plantas productoras de estrógenos, como el perejil, o de potentes calmantes como el opio.

El contacto con plantas felices nos aporta felicidad, y esto es un hecho difícil de demostrar, pero que todo el mundo puede experimentar, en cualquier plaza pública vegetada.  Una ciudad llena de rincones verdes es una ciudad relajada, apacible, acogedora. Una ciudad, una casa, sin plantas, resulta a la larga agresiva, estresada, hiriente. Endulcemos nuestra vida, hagamos crecer rincones verdes en casa y en la ciudad.

Tags

#Dia a Dia