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Las azaleas, plantas de interior y de exterior

Desde hace unas semanas, las floristerías nos ofrecen tiestos de azaleas en flor, como cada año por estos días. Son plantas de unos 30 a 50 cm de alto, con abundantes flores de color rojo, rosa o blanco, que contrastan con las hojas, de un verde intenso y brillante.

Es una buena idea comprar una o dos azaleas para decorar nuestro hogar, ahora en otoño. Por un módico precio, que normalmente no supera los 10 euros, tendremos una planta en flor alegrando nuestra casa hasta seis semanas, que coincidirán con las seis semanas más oscuras del año, Navidad por medio.

Las azaleas que se comercializan en noviembre normalmente pertenecen a la especie Rhododendron simsii, también llamado indica. Originalmente proceden de los bosques de montaña (de 500 a 2700 m de altitud) del sur del Japón y de Formosa. Fueron importadas a Europa a finales del siglo XVIII, y seleccionadas e hibridadas posteriormente por botánicos y jardineros. Hacia 1850, en Gante, se comercializaron por primera vez las azaleas de interior de floración invernal, que cada otoño se exponen en los comercios.

Cuando compréis una azalea, escoged una en la que los botones florales presenten un desarrollo similar, y evitad aquellas en las que los botones estén completamente cerrados, o todas las flores se hayan abierto. Las primeras probablemente no hayan completado adecuadamente el forzado en invernadero, las segundas tendrán menos semanas de floración en vuestra casa. Las azaleas en el momento de la adquisición, han de tener los botones ligeramente abiertos, de tal forma que el color de las futuras flores se pueda identificar claramente. Las hojas han de ser más o menos horizontales y nunca rizadas, pues sería un mal síntoma, indicador de problemas víricos.

En casa, hay que situar nuestra azalea en un lugar bien iluminado, pero sin sol directo, es una planta que ama la sombra luminosa. También hay que evitar que esté cerca de un radiador o otra fuente de calor, cuanto más fresca sea su situación, más durará en flor.

Necesita un suelo siempre húmedo, pero bien drenado. Para acertar el punto de riego hay que tocar la tierra del tiesto: si se nota fresca al tacto, no necesita agua. Mucho cuidado con excederse en el riego, el agua estancada puede matar nuestra azalea. Le va muy bien que la humedezcamos por inmersión, y esto consiste en meter el tiesto en un cubo con agua (hasta 2/3 de la altura del tiesto) y dejarlo allí una media hora; después se saca el tiesto, se pone en una pica con desagüe, y se deja  que escurra el excedente de agua.

El agua del grifo, tratada habitualmente con cloro, podría perjudicar a la azalea. Nuestra planta necesita que el suelo se mantenga en un pH ácido, y las aguas cloradas suelen tener un pH básico, que a la larga provocarían la muerte de este vegetal. Hay varias formas de compensar la falta de acidez, una de las más sencillas consiste en añadir un chorrito de limón o vinagre al agua de riego.

No necesitará abono hasta que finalice la floración, momento este muy delicado en el que muchas azaleas de interior pierden gran parte de sus hojas, enferman y mueren.

Hay que ser conscientes de que las azaleas de interior han sufrido un proceso de forzado de su floración en invernaderos, donde se imitan las condiciones de luz y temperatura de la primavera fuera de esta estación. Al final del invierno se enfrentan a un shock inevitable por las condiciones del ambiente, incluso en nuestros interiores.

Así pues, cuando nuestra azalea, ya sin flores, empiece a perder hojas será el momento de  podarla, dividirla y distribuir los esquejes en nuevos tiestos, con tierra de brezo o castaño, nueva y abonada. Los tiestos con esquejes se situaran durante un par de semanas en un lugar poco iluminado, para favorecer el desarrollo de las raíces. Nuestra paciencia se verá compensada un mes después con varias plantitas de azalea, que vegetaran desde el verano hasta la primavera siguiente, y entonces volverán a darnos una larga floración, esta vez en su tiempo natural, que es mayo y junio.