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Huertos urbanos

Siempre hubo huertos en las ciudades, en patios, en jardines, en terrazas. Combinados con la cría de pequeños animales como gallinas, conejos y hasta cabras, completaban la dieta de los hogares y contribuían a la economía doméstica.

La revolución verde de los años setenta, se los llevó del paisaje urbano. Como un vendaval, las verduras de precio bajo y aspecto impoluto, desplazaron a los tomates que criaba con cariño el abuelo en el jardín. Cuando murió el abuelo hortelano, donde él había cultivado lechugas y ajos se construyó una piscina, o un parterre de hortensias, y nos olvidamos del huerto.

Pero la crisis económica nos ha traído de nuevo los huertos urbanos. Primero proliferaron huertos marginales, caracterizados por su precariedad y aspecto abandonado, sobre suelo público o de dudosa propiedad, que servían como complemento a rentas muy bajas, y en unas condiciones de dudosa salubridad.

Las autoridades reaccionaron, promoviendo diversas experiencias de ordenación de éstos huertos, y proyectando nuevos espacios para huertos lúdico-sociales, bien diseñados y que cumplen criterios definidos de calidad paisajística y sanitaria.

Por otra parte la creciente preocupación por la salud y la buena alimentación, juntamente con la mayor disponibilidad de tiempo derivada de la crisis económica (prejubilados, parados, reducciones de jornada …) ha propiciado el retorno a huerto de jardines y terrados de propiedad particular.

Cultivar un huerto siempre es fuente de bienestar y placer. El bienestar derivado de una actividad física muy completa que se realiza al aire libre, y el placer de ver crecer lo que has plantado, cosecharlo y degustarlo.

El huerto pide tiempo y paciencia, nos marca las estaciones y nos paga con sus frutos. No necesita mucho espacio, hasta una simple jardinera en el balcón nos serviría para obtener tomates propios.

En el huerto, octubre es tiempo de siembra. Aún podemos sembrar espinacas, que sin apenas cuidados, nos darán hojas desde febrero hasta semana santa. Se pueden sembrar incluso en una jardinera o tiesto, donde luce espléndidas hojas verdes todo el invierno.

Si quieres transformar un trocito de tu jardín en huerto, ahora es el tiempo de sembrar habas. Aunque no te guste comerlas, las habas son un gran depurador de la tierra, y la preparan para los trasplantes de primavera. Siembra las habas a golpes, cada 40 cm, y formaran un parterre muy lucido hasta la primavera. Cuando florecen atraen  multitud de insectos beneficiosos, como las mariquitas; es el momento de segarlas, cavar y plantar el huerto sobre esta tierra mejorada y habitada por nuevos amigos de seis patas.

Anímate, siempre hay un rinconcito donde cultivar  verduras. Esta web te aconsejará como hacerlo.