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Abonar nuestro jardín en primavera

Jan Baptist van Helmont publicó en 1648, lo que se considera el primer experimento cuantitativo en botánica. Durante cinco años, cultivó un sauce en una maceta que contení­a 90,718 kg de sustrato, que había desecado en un horno, y al que añadió solo agua durante el experimento. Volvió a pesar este sustrato desecado al final del experimento y comprobó que había perdido solamente 900 gramos de su peso, por lo que van Helmont dedujo erróneamente, que las plantas obtienen todo su peso del agua, no del suelo.

Más tarde se comprobarí­a que se había equivocado, pues los 900 gramos de substrato consumidos fueron imprescindibles para el desarrollo del sauce.

En 1840 Liebig enunció el principio de la nutrición mineral de las plantas y inventó el primer abono. Según Liebig existe una “Ley de Restitución”, que establece el principio de que es necesario devolver al suelo los nutrientes extraídos por los cultivos, y la  “Ley del Mínimo”, que afirma que el crecimiento de las plantas viene determinado por el nutriente que se encuentra en, relativamente, menor cantidad.

Pero, ¿qué había en ese 1% del sustrato consumido por el sauce en 5 años?

Elementos minerales: Nitrógeno, Fósforo, Potasio, Azufre, Calcio, Magnesio, y en mucha menor cantidad Hierro, Zinc, Boro, Molibdeno, Cloro, Cobre, Manganeso.

Otros elementos minerales del suelo, aunque no son imprescindibles para el desarrollo de las plantas, producen efectos beneficiosos en algunas de ellas y pueden reemplazar algún elemento esencial en ciertas funciones o compensar los efectos tóxicos de otros elementos. Son ejemplos el Sodio, el Silicio, el Coblato, el Aluminio, el Selenio y el Titanio.

De hecho, con el conocimiento exhaustivo del papel de estos elementos minerales, es posible cultivar plantas sin suelo, siempre que se les suministren soluciones nutritivas que contengan todos los elementos químicos necesarios en una adecuada proporción. Es lo que llamamos Cultivo Hidropónico, y se aplica a vegetales de alto valor que crecen en ambientes muy controlados, como invernaderos o umbráculos.

 

 

Composición aproximada de un vegetal

 

Elemento Símbolo % peso seco Origen
Cabono C 45,00 Aire
Oxígeno O 45,00 Aire / Agua
Hidrógeno H 6,00 Agua
Nitrógeno N 1,50 Suelo / Aire
Potasio P 1,00 Suelo
Calcio Ca 0,50 Suelo
Magnesio Mg 0,20 Suelo
Fósforo P 0,20 Suelo
Azufre S 0,10 Suelo
Cloro Cl 0,01 Suelo
Hierro Fe 0,01 Suelo
Manganeso Mn 0,005 Suelo
Zinc Zn 0,002 Suelo
Boro B 0,002 Suelo
Cobre Cu 0,0006 Suelo
Molibdeno Mo 0,00001 Suelo

 

El cultivo hidropónico es una solución técnica y productivista. En jardinería doméstica, el suelo y el abono han de ser la fuente de nutrientes. La planta extrae nutrientes, ese 1% de la tierra a su alcance, y nosotros los reponemos periódicamente con los abonos.

En la naturaleza, el origen de los minerales del suelo es:

  1. La descomposición de las rocas
  2. La descomposición de las plantas y los animales

Cuando abonamos nuestro jardín o nuestras macetas, lo podemos hacer con abono químico, que sería similar a la roca descompuesta, o con abono orgánico, que imitaría a los restos animales y vegetales en descomposición.

Hay que ser muy, muy moderados en el abono, ya que un exceso de sales minerales en el suelo produce la marchitez y muerte de las plantas. Literalmente, un exceso de abono sala la tierra, como lo haría regarla con agua de mar, lo que imposibilita la absorción de agua y provoca la muerte de los vegetales.

En el mercado encontramos gran variedad de fórmulas de abono químico para plantas, con más o menos diversidad de elementos nutritivos, y diseñados para diversos tipos de plantas: rosales, acidófilas, plantas de flor, plantas de hoja, etc.

El éxito está asegurado, siempre que los apliquemos siguiendo con cuidado las instrucciones del fabricante y con moderación.